Videojuegos: escape o prisión

Andrea Fernández Rodríguez. 2º Bachillerato B
Resulta innegable que, conforme avanzamos en el tiempo, las nuevas tecnologías van ocupando un mayor espacio en nuestra vida diaria. Las largas horas que los menores pasan frente a la pantalla, escudándose en la “desconexión”, normalmente del colegio o instituto, en que es una vía de escape de la realidad, generan cada vez más preocupación entre padres y tutores; uno de los grandes motivos de esto, es, sin duda, la violencia que llevan implícita los videojuegos de hoy en día. Esta violencia, en determinados casos, puede provocar la alienación e incapacidad de distinguir la realidad de la ficción. Para la mayoría de la gente, sobre todo niños y adolescentes, los videojuegos constituyen un importante pilar en sus rutinas e incluso provocan una severa adicción a ellos.

Tal es el grado de seriedad que está adquiriendo este problema, que la OMS ha recogido la adicción a los videojuegos en su Clasificación Internacional de Enfermedades. Ante esto, queda claro que esta adicción tiene una mayor gravedad de la que, en principio, podríamos estimar y, “haber acordado una definición del trastorno por uso de videojuegos es un primer paso importante para que la salud pública actúe con eficacia frente a este nuevo problema” (Humphreys, 2019).

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Publicidad y Pandemia

ANDREA FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 2º Bachillerato B

La pandemia que hemos comenzado a vivir en los pasados meses está dejando notables secuelas en todos los ámbitos (económico, social, político, etcétera). Esta situación ha hecho tambalear la estructura de numerosos sectores profesionales; en este caso, nos centraremos en el sector publicitario, que es, quizás, uno de los más afectados.

 Ante esta complicada situación a la que aún nos estamos enfrentando, las marcas han tenido que replantearse sus decisiones estratégicas, y adaptarse a los cambios respecto al consumo y a la demanda de los clientes; el coronavirus y la publicidad han convergido en los últimos meses para llevar a cabo una transformación que, según parece, se extenderá durante mucho tiempo. 

Los meses de confinamiento, y todo lo que han conllevado, han hecho que nuestra mentalidad haya cambiado. Esta realidad, aunque no sabemos cuánto tiempo durará, ha hecho que nuestros hábitos de consumo cambien en gran medida. En estos tiempos que estamos viviendo, nuestra preocupación por la gente que nos rodea ha aumentado, y, consecuentemente, hemos aprendido (o estamos aprendiendo) a valorar lo que se nos ha arrebatado, sin previo aviso, durante meses. Esto ha tenido una consecuencia directa en la publicidad; los anunciantes se han “humanizado”, y ahora parece que defiendan o promuevan los valores morales en la publicidad. Todos hemos visto decenas de anuncios con mensajes esperanzadores, que promovían la unidad social y la colaboración, mostrando una gran implicación y compromiso con el bienestar de los clientes. Esta preocupación que nos han brindado las marcas que habitualmente consumimos, se está convirtiendo en una especie de cliché, y, es probable que, a muchos de nosotros, nos haga cuestionarnos si esa preocupación es real o es, simplemente, otra estrategia de marketing más.

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USA: elecciones y redes sociales

LARA GONZÁLEZ DÍAZ, 2º Bachillerato B

Las anteriores elecciones de Estados Unidos de 2016 estuvieron marcadas por la polémica de las redes sociales y la política. Al igual que se produjo en Inglaterra con el Brexit, junto con los partidos y políticos hubo otros integrantes: los analistas de datos.

Las anteriores elecciones a la presidencia de los Estados Unidos fueron afamadas no sólo por el presidente electo Donald Trump sino también por el papel de las redes sociales durante la campaña electoral que permitieron que se difundieran bulos, anuncios o tuits o comentarios que inciten a la violencia. Que un país que es una de las mayores potencias del mundo permitiese esto creó un sentimiento de indignación y engaño entre los americanos y demás ciudadanos del mundo.

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REDES SOCIALES Y DEMOCRACIA

Vanesa Alonso, 2º Bachillerato B
En otra entrada de este blog, analizábamos la película BREXIT, que nos ha hecho pensar en la amenaza a la calidad democrática que puede suponer determinado uso de la tecnología del que estamos sabiendo en los últimos tiempos.

Brexit trata un tema actual, y nos hace reflexionar sobre hasta qué punto somos controlados por el gobierno, mostrándonos, incluso, una nueva forma de hacer política. En internet, en las redes sociales, dejamos siempre una “huella”, que puede ser usada sin nuestro permiso, tal y como ocurre en la película. Así, el gobierno puede manipularnos sin que nos demos cuenta.

La película no solo muestra el poder de las redes sociales, sino que deja entrever unas reflexiones mucho más profundas que se pueden asociar al resto de la historia: el afán por el poder.

Desde el inicio de la humanidad, los gobernantes han usado todo aquello que han podido para influir en el pensamiento ajeno y así ganar poder. En el pasado, el control se ejercía mediante el miedo, amenazando a la gente directamente o con la religión. Hoy en día, este control se ejerce de una manera más sutil, mediante los medios de comunicación o incluso las redes sociales. Esto se evidencia en la película, donde se muestra cómo la empresa Cambridge Analytica utiliza un algoritmo para recoger los datos personales que los usuarios dejan inconscientemente en las redes para usarlos a su favor, enviándoles mensajes personalizados. Así, se consiguió que aquellos que eran escépticos se unieran al partido por la salida.

Gracias a las redes, un país entero tomó la decisión de salir de la Unión Europea. Sin embargo, esto es solo una pequeña muestra del gran poder que tiene la información hoy en día. Otro ejemplo de ello es la llamada “trama rusa”. La empresa Internet Research Agency fue acusada de fabricar “fake news” e incluso de usar las redes para organizar protestas, que a su vez pudieron interferir en las elecciones de 2016 de EEUU. (más información en: AQUÍ)

Como ya se ha mencionado antes, este uso reprochable de la información y del poder de las redes sigue principalmente un objetivo político, y por extensión, económico. Pero también hay gente que esparce noticias falsas por gusto o por maldad; probablemente, una minoría respecto del resto.

La información es, y será, el mayor arma para controlar a las masas, incluso cuando ésta no es verídica. En una sociedad “bombardeada” por datos, lo difícil es no dejarse influenciar.

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