REDES SOCIALES Y DEMOCRACIA

Vanesa Alonso, 2º Bachillerato B
En otra entrada de este blog, analizábamos la película BREXIT, que nos ha hecho pensar en la amenaza a la calidad democrática que puede suponer determinado uso de la tecnología del que estamos sabiendo en los últimos tiempos.

Brexit trata un tema actual, y nos hace reflexionar sobre hasta qué punto somos controlados por el gobierno, mostrándonos, incluso, una nueva forma de hacer política. En internet, en las redes sociales, dejamos siempre una “huella”, que puede ser usada sin nuestro permiso, tal y como ocurre en la película. Así, el gobierno puede manipularnos sin que nos demos cuenta.

La película no solo muestra el poder de las redes sociales, sino que deja entrever unas reflexiones mucho más profundas que se pueden asociar al resto de la historia: el afán por el poder.

Desde el inicio de la humanidad, los gobernantes han usado todo aquello que han podido para influir en el pensamiento ajeno y así ganar poder. En el pasado, el control se ejercía mediante el miedo, amenazando a la gente directamente o con la religión. Hoy en día, este control se ejerce de una manera más sutil, mediante los medios de comunicación o incluso las redes sociales. Esto se evidencia en la película, donde se muestra cómo la empresa Cambridge Analytica utiliza un algoritmo para recoger los datos personales que los usuarios dejan inconscientemente en las redes para usarlos a su favor, enviándoles mensajes personalizados. Así, se consiguió que aquellos que eran escépticos se unieran al partido por la salida.

Gracias a las redes, un país entero tomó la decisión de salir de la Unión Europea. Sin embargo, esto es solo una pequeña muestra del gran poder que tiene la información hoy en día. Otro ejemplo de ello es la llamada “trama rusa”. La empresa Internet Research Agency fue acusada de fabricar “fake news” e incluso de usar las redes para organizar protestas, que a su vez pudieron interferir en las elecciones de 2016 de EEUU. (más información en: AQUÍ)

Como ya se ha mencionado antes, este uso reprochable de la información y del poder de las redes sigue principalmente un objetivo político, y por extensión, económico. Pero también hay gente que esparce noticias falsas por gusto o por maldad; probablemente, una minoría respecto del resto.

La información es, y será, el mayor arma para controlar a las masas, incluso cuando ésta no es verídica. En una sociedad “bombardeada” por datos, lo difícil es no dejarse influenciar.

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