ESPAÑA EN 100 AÑOS

ÓSCAR CORONA ORTS, 2º Bach. B

Hace 100 años que Ramón del Valle Inclán terminaba su primera versión de Luces de Bohemia, una obra que se adelantaba estruendosamente al lenguaje dramático español del momento, y se convertía en vanguardia teatral europea. Pero tras esta estética «esperpéntica» (en sus palabras), expresionista, deformante, latía una ácida mirada crítica a la España de su tiempo, la de los estertores de la (primera) Restauración.

Óscar, tras un detallado análisis de la obra, comparte con nosotros su teoría de que, tristemente, esa España de hace 100 no es tan diferente a la de nuestros días. Y lo hace de un modo exquisitamente académico, acompañando a su argumentación de un detallado aparato de notas con citas de la obra.

La obra cumbre de la literatura de Ramón María del Valle-Inclán es Luces de bohemia. Esta obra teatral es el instrumento empleado por el autor para retratar la miseria de la sociedad española del momento, quien se sustenta en la crítica y en la esperpentización de un pasado y un presente decadentes y deshumanizadores.

En el escaso tiempo dramático que ocupa la obra se condensa un amplio tiempo histórico o real, puesto que en la obra se alude a una serie de acontecimientos sucedidos en nuestro país entre principios de siglo, como la Semana Trágica de Barcelona en 1909, y 1924, . Innegablemente la obra nos sitúa alrededor de 1920, pero su trama temporal se teje con personajes y hechos históricos que no pudieron coincidir en el tiempo, con referencias al pasado y al presente; son hechos cronológicamente datables, pero su combinación anacrónica tiene una finalidad estética, un efecto deformador de la realidad.

Por ende, la obra se enmarca históricamente en la etapa final de la Restauración, un período de crisis económica, política, social y cultural de la sociedad española. Las referencias a esta crisis en Luces de Bohemia son numerosas, especialmente en la figura de Antonio Maura [1], cuya dimisión en octubre de 1909 da comienzo a la crisis política del régimen.

Se arremete de diversos modos contra el mal gobierno y contra la corrupción. Se fustiga al capitalismo y al conformismo burgués. Y se presenta, en contraste, el hambre y las miserias del pueblo. De especial fuerza es la protesta ante la represión policial (La muerte del obrero catalán condenado a morir en la aplicación de la “ley de fugas”. O la muerte del niño a consecuencia de la represión callejera).

Podemos decir que encontramos tres críticas principales en la obra: a la clase política y su corrupción, a los privilegios burgueses y a la miseria que caracteriza a la sociedad del momento. La clase política y su represión policial, el Ministerio de “Desgobernación”, torturas, detenciones legales, la ley de fugas que permitía disparar a los detenidos. Concretando, se denuncia la miseria material y moral de España, como consecuencia de la corrupción política. Esta denuncia general de la situación histórico-social se puede concretar en una serie de subtemas: las referencias al hambre [2] y a la agitación social son muy numerosas; hay manifestaciones tumultuarias con asalto y saqueo de tiendas; frente a las organizaciones obreras con sus saqueos aparecen organizaciones patronales amparadas por la policía [3][4]. Otro subtema es el de la corrupción del poder político y de la prensa [5], que aparece reflejado el uso real en la época de la utilización por parte del gobierno de fondos reservados para sobornar a periodistas.

A nivel social, en el cuadro histórico-literario del artista gallego las manifestaciones de masas son constantes y en ocasiones insurreccionales; se producen asaltos, saqueos de establecimientos, huelgas salvajes, etc.; el hambre, además, llama a las puertas de los sufridos desheredados que deambulan por los barrios populares de Madrid.

La agitación social y política en las calles es persistente, y los enfrentamientos más o menos violentos son crecientes, como los que protagonizan las fuerzas de choque de Acción Ciudadana [6], que operan como cuerpos parapoliciales al servicio de los patronos y contra los manifestantes.

El mayor representante de la miseria social es un preso catalán anarquista con el que Max dialoga en el calabozo [7]. En sus palabras se refleja el espíritu revolucionario como contraparte a la corrupción política y a los poderes económicos de los grandes terratenientes burgueses.

Finalmente, Valle-Inclán retrata como acaban todos los que tratan de enfrentarse al régimen corrupto [8], porque a través del esperpento, el autor ejemplifica como la miseria de la sociedad no es más que la consecuencia de los privilegios de unos pocos, de la batalla entre los poderosos y el pueblo, que consiguen ganar siempre los mismos mediante la represión.

Tratando de tender paralelismos entre la España de principios de la centuria anterior representada en Luces de Bohemia y la España actual, vemos que hay situaciones claramente similares aunque, obviamente, con diferencias sustanciales.

Los avances técnicos y el desarrollo económico que ha experimentado el país durante las últimas décadas son innegables, aunque hoy en día el desempleo siga siendo endémico en España y gran parte del empleo existente sea precario y mal remunerado, en términos generales la sociedad española vive con mucha más estabilidad financiera que como lo hicieron nuestros antecesores; no obstante hay un factor común en ambos momentos: el retraso socioeconómico con respecto a otras naciones europeas, que produce inevitablemente un retraso cultural. Si bien somos considerados un país del primer mundo, la sociedad analfabeta de 1920 se traduce hoy en día en una sociedad que no protege ni cuida su cultura, y donde cualquier financiación que tenga como fin el desarrollo cultural es mal recibida. En el S. XXI prácticamente no existen los españoles analfabetos, pero esa mentalidad arcaica y simplista sigue en el ideario popular. La pregunta que nos puede surgir es, ¿y quién es el responsable de la perpetuación de la ignorancia? La respuesta nos lleva la segunda similitud entre la España de Luces de Bohemia y la actual: los gobernantes.

Si algo no ha cambiado en toda la historia de nuestro país es la tradición corrupta de los dirigentes. Los poderes económicos (representados en la obra por la burguesía) y los poderes políticos (representados por los gobernantes) colaboran con el fin de lucrarse económicamente y de afianzarse en el poder, respectivamente. Es cierto, es absolutamente imposible que hoy se ejecute a un ciudadano por oponerse a la forma de gobierno, al contrario que en Luces de Bohemia (es decir, hace 100 años en España), donde la Ley de Fugas permitía a las fuerzas del orden fusilar a cualquier preso con la excusa de intento de fuga; sin embargo los abusos de autoridad son realizados hoy a través de la censura y la manipulación de masas (algo que sólo es posible aborreciendo a la sociedad española).

Hace un siglo se reprimían los movimientos obreros, las huelgas generales de trabajadores y las legítimas reclamaciones de derechos laborales; en la actualidad, escribir un rap candente y verbalmente agresivo o criticar ferozmente a la jefatura del Estado pueden culminar en un exilio voluntario para no ingresar en prisión, aunque la libertad de expresión sea uno de los derechos humanos fundamentales en los que se basan las democracias occidentales. El modelo de represión estatal, hace cien años impuesto por la violencia física y hoy en día por el abuso legislativo y policial, sigue teniendo el mismo fin: proteger a los poderosos de cualquier cambio social relevante, de mantener el statu quo en el que unos pocos acumulan tanta riqueza como la mitad más pobre de la nación.

Estas dos similitudes conducen al tercer y último parecido que destaco, un final trágico. Los esperpentos están hoy a la vista de todos (el Estado pisando a los individuos y una estupidez disfrazada de bondad, o de ternura, según algunos ensayistas…), y es ahora, en el momento en el que más abusos se denuncian públicamente, cuando menos repercusión tienen. En Luces de Bohemia no varía la situación entre el principio de la obra y el final de esta, los poderosos siguen manteniendo el poder y los reprimidos siguen a su merced, siendo las víctimas inocentes (como el anarquista o el niño) las que nos muestran la falta de valores éticos en la sociedad, pero ¿realmente se ha hecho algo por progresar en el buen camino o simplemente el poder se ha ido disfrazando a conveniencia con el paso de los tiempos? Independientemente de la respuesta a la que cada uno llegue, la realidad es que Valle-Inclán dio en el clavo antes que cualquier otro: “El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”.

NOTAS

[1] Escena IV:

“¡Muera Maura! ¡Muera el Gran Fariseo!”

[2] Escena XI:

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Verdugos del hijo de mis entrañas!

UN ALBAÑIL: El pueblo tiene hambre.

EL EMPEÑISTA: Y mucha soberbia.

[3] Escena IV:

LA PISA BIEN: ¿Ustedes bajaron hasta la Cibeles? Allí ha sido la faena entre los manifestantes, y los Polis Honorarios. A alguno le hemos dado mulé.

DON LATINO: Todos los amarillos debían ser arrastrados.

LA PISA BIEN: ¡Conforme! Y aquel momento que usted no tenga ocupaciones urgentes, nos ponemos a ello, Don Latino.

[4] Escena III:

EL CHICO DE LA TABERNA entra con azorado sofoco, atado a la frente un pañuelo con roeles de sangre. Una ráfaga de emoción mueve caras y actitudes; todas las figuras, en su diversidad, pautan una misma norma.

EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Hay carreras por las calles!

EL REY DE PORTUGAL: ¡Viva la huelga de proletarios!

[5] Escena VII:

DON FILIBERTO: Amigo Dorio, tengo alguna costumbre de estas cañas y lanzas del ingenio. Son las justas del periodismo. No me refiero al periodismo de ahora. Con Silvela he discreteado en un banquete, cuando me premiaron en los Juegos Florales de Málaga la Bella. Narciso Díaz aún recordaba poco hace aquel torneo en una crónica suya de El Heraldo. Una crónica deliciosa como todas las suyas, y reconocía que no había yo llevado la peor parte. Citaba mi definición del periodismo. ¿Ustedes la conocen? Se la diré, sin embargo. El periodista es el plumífero parlamentario. El Congreso es una gran redacción, y cada redacción, un pequeño Congreso. El periodismo es travesura, lo mismo que la política. Son el mismo círculo en diferentes espacios. Teosóficamente podría explicárselo a ustedes, si estuviesen ustedes iniciados en la noble Doctrina del Karma

[6] Escena III:

“¡Un marica de la acción ciudadana!”

[7] Escena VI:

EL PRESO: ¡No es pequeña desgracia!… En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.

MAX: Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.

EL PRESO: No basta. El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza, como en Rusia. No es suficiente la degollación de todos los ricos. Siempre aparecerá un heredero, y aun cuando se suprima la herencia, no podrá evitarse que los despojados conspiren para recobrarla. Hay que hacer imposible el orden anterior, y eso sólo se consigue destruyendo la riqueza. Barcelona industrial tiene que hundirse para renacer de sus escombros con otro concepto de la propiedad y del trabajo. En Europa, el patrono de más negra entraña es el catalán, y no digo del mundo porque existen las Colonias Españolas de América. ¡Barcelona solamente se salva pereciendo!

[8] Escena XI:

EL EMPEÑISTA: ¿Qué ha sido, sereno?

EL SERENO: Un preso que ha intentado fugarse. MAX: Latino, ya no puedo gritar… ¡Me muero de rabia!… Estoy mascando ortigas. Ese muerto sabía su fin… No le asustaba, pero temía el tormento… La Leyenda Negra, en estos días menguados, es la Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco. Rabia y vergüenza. Me muero de hambre, satisfecho de no haber llevado una triste velilla en la trágica mojiganga. ¿Has oído los comentarios de esa gente, viejo canalla? Tú eres como ellos. Peor que ellos, porque no tienes una peseta y propagas la mala literatura, por entregas. Latino, vil corredor de aventuras insulsas, llévame al Viaducto. Te invito a regenerarte con un vuelo.

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