AQUEL PRIMER CASO

Nadaya Cordero Suárez, 1º A Bach.
Un buen relato negro en el que la autora pone de manifiesto su rico bagaje tanto en el ámbito de la Anatomía como en de la Literatura.

El día reinaba tan oscuro como aquella sala en la que se encontraba el cuerpo después de aquel fatídico suceso que dejó a todo el planeta con el corazón en un puño.

Una casa cercada con cinta policial, un bisturí que temblaba por primera vez en la mano de aquella forense, una agente presa del desconcierto, y un criminal suelto.

Tras retirar la sábana que cubría el cuerpo de la víctima, la mente de Agnes se escapó velozmente a recopilar todos los conocimientos de 10 años de estudio. Y ahí apareció la primera declaración de la autopsia. No habían pasado más de 72 horas desde su muerte. No había putrefacción en el cadáver.

El tiempo seguía pasando, y su mano también seguía temblando. Sin embargo, cada vez se sentía más cerca de resolver aquel caso tan extraño. Los periodistas se encontraban cada vez más impacientes. Eso de que el asesino fuera una incógnita tan grande no les generaba nada de tranquilidad.

Segunda pista. El cadáver mostraba patologías ante-mortem. Además de la ausencia del riñón izquierdo, y la declaración de riñón derecho poliquístico, se presentaban hematomas en órganos internos en el tórax.

Todo el mundo había quedado de piedra, tras la inminente noticia de que había aparecido el cadáver de una mujer en una casa de una zona muy concurrida de la ciudad. Sin embargo, lo que nadie sabía era lo que las investigaciones acababan de determinar. La determinación de las huellas había sido imposible. Demasiada precisión la que tuvo el asesino. Pero desde luego, hubo algo que dejó a todo el cuerpo policial frío: el ADN de la víctima era idéntico al del supuesto asesino.

10.34pm. Tercera clave. Traumatismos craneales que provocan fractura múltiple con hundimiento. Dicho trauma requiere bastante energía para ocasionar fracturas en la base del cráneo. La conservación del cuero cabelludo y la ausencia de heridas contusas indica que no se produjeron golpes en la bóveda craneal que justifiquen la gravedad de los traumas existentes.

Desde que Dove era jefa del departamento de investigación policial, no había habido ningún caso de asesinato tan confuso. Siempre había tantos factores importantes para determinar. Las múltiples manchas de sangre poco esclarecedoras en este caso. Las huellas que no aparecieron. Restos de algún objeto…O la clara muestra del ADN. ¿Cómo era posible que el ADN coincidiera? Quizás habían hecho algo mal. No podía ser. Lo único que podía hacer era mirar y mirar el diagrama de la escena del crimen. Una y otra vez. Pero como si nada.

El silencio del pensamiento de Dove, se irrumpió con la entrada de su secretario. Venía gritando. Su mujer estaba de parto en el hospital. Sus dos hijas prematuras iban a nacer.

– Lo tengo – chilló Dove, mientras corría visualizando la solución de aquel misterio, alejándose de la oficina.

Cuarta y última prueba. Se apreciaba un orificio regular de unos 4 milímetros de diámetro localizado en el tórax anterior, rotura de las fibras elásticas de la piel, suciedad y frotación de la misma. Había encontrado el orificio de entrada. Y también la salida: el tórax posterior presentaba otra lesión. Tenía mayor tamaño que el orificio de entrada, forma irregular, y ausencia de quemadura y restos de polvo negro. Dirección del proyectil: de adelante hacia atrás.

La autopsia se definía muy clara. Lo mismo hacía la identidad del asesino. La necropsia había determinado muerte por la incidencia de un arma de fuego, así como múltiples golpes. Su hermana gemela había decidido acabar con la vida de su compañera de ADN.

Y al fin se hizo justicia. Una gemela que aseguraba querer ser única en el mundo, sin saber que serlo va mucho más allá del ADN, y  en realidad, había perdido lo más valioso que tenía. Una forense llamada Agnes, que había parado de temblar, tras resolver su primer caso. Y como si fuera el primero de una agente llamada Dove. Ambas lo habían conseguido, ambas estaban ya seguras de sí mismas.

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