VISITA A LA MINA DE ARNAO

Javier González Martínez, en representación del grupo de Humanidades de 1ºC
. Que no cunda la alarma: no nos hemos saltado el periodo de confinamiento. Simplemente, para aliviarlo, recordamos aquellos tiempos en que íbamos al IES y hacíamos excursiones. Mientras vuelven esos deseados momentos (los de las salidas), os contamos cómo fue nuestra visita a esa histórica mina. Sirva también como homenaje a la profesión minera  en este PRIMERO DE MAYO, DÍA DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS.

Era un día soleado de diciembre. Estábamos todos con nuestras bolsas llenas de comida y nuestros abrigos sentados en el autobús de camino a la mina Arnao, aunque la mayoría ni sabíamos dónde estaba. Nada más salir de Oviedo el autobús se detuvo. Una piedra había saltado y roto el parabrisas pero, como nada iba a pararnos, seguimos con nuestro viaje.

Al llegar nos dividieron en varios grupos pero como nuestra clase es muy pequeña pudimos ir casi todos juntos. Primero vimos un interesantísimo documental sobre la historia de la mina y los testimonios de varios de sus trabajadores a través de los cuales averiguamos que la mina fue descubierta por un sacerdote, que fue visitada por la reina Isabel II o que fue comprada por una compañía belga. Después visitamos el museo, que estaba también lleno de cosas muy interesantes como fósiles de la zona o mensajes escritos en distintos idiomas por algunos nietos a sus abuelos que trabajaron en aquel lugar pero, sin duda, lo más memorable fue cuando varios de nuestros compañeros se quedaron encerrados en una cabina y tuvieron que ser rescatados por la chica encargada del museo, que también era belga.

Finalmente, llegó el momento más esperado: la mina. Pero antes de acceder tuvimos que pasar, con bastantes dificultades, sobre un cristal que estaba encima de un agujero de varios metros. Una vez dentro lo primero que percibimos fue el olor a azufre que incluso hizo que algunos nos mareásemos un poco. Junto con la guía, que era la misma chica que había sacado a nuestros compañeros, fuimos por varios pasadizos alumbrándonos con un candil. Allí la guía nos explicó cómo era la mina anteriormente y cómo se había adaptado de forma que pudiese ser visitada por todo el mundo, incluso personas con movilidad reducida. Al salir abrió una puerta (la misma que se puede ver en la foto) por lo que pudimos ver directamente el mar, en contraste con la oscuridad que había en la mina.

Pese a que no pudimos ver el poblado donde vivían los antiguos trabajadores ni la escuela a la que enviaban a sus hijos, ya que estaban en obras, todos coincidimos en que fue una gran experiencia ya que, por unos minutos, pudimos sentirnos como un verdadero grupo de mineros.

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